Ante el desinterés de la juventud

Ulises ARROYO

JOSE MARIA MORELOS, 16 de junio.- El bastión de la medicina tradicional herbolaria en el corazón de la Zona Maya

de Quintana Roo está en una encrucijada histórica y en una etapa críticamente vulnerable. De no consolidarse mecanismos institucionales y comunitarios para su difusión y transferencia de saberes hacia las nuevas generaciones, esta práctica milenaria corre el riesgo inminente de extinguirse y quedar en el olvido, advirtió la reconocida médica tradicional del municipio, Rosa María Cimé Xicum.
La especialista comunitaria señaló que esta práctica ancestral, que por siglos configuró el único y más efectivo sistema de salud y sanación para las familias originarias del Sureste, enfrenta en pleno siglo XXI la incredulidad y el desdén del sector juvenil. Explicó que los jóvenes actuales muestran una marcada resistencia a estos conocimientos ecológicos, optando de forma exclusiva por los servicios de la medicina alopática y convencional.
“Mucha gente no cree en las plantitas, por eso van al doctor, ya los pinchan, ya les dan pastillas, ya les dan jarabe, ya sanan, sin necesidad de andar buscando plantitas”, expresó con profunda preocupación doña Rosa María, evidenciando la ruptura en la cadena de transmisión oral que sostenía este patrimonio cultural inmaterial.
La Dignataria Maya, quien actualmente comparte su vasto bagaje de conocimientos empíricos y experiencias clínicas tradicionales en las aulas de la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo (Uimqroo), lamentó que hoy en día la confianza en esta herencia indígena se reduzca únicamente a aquellos adultos mayores o habitantes rurales que han comprobado de primera mano el poder bioquímico y curativo de la flora nativa.
Asimismo, rememoró que las generaciones precedentes forjaron su resiliencia biológica gracias al uso sistemático de la botánica medicinal, mediante una herencia pedagógica transmitida con rigor por abuelos, bisabuelos y padres como un eje medular de la vida cotidiana y la cosmovisión en las comunidades del interior del Estado.
“No crecimos en manos de doctor, así que yo pienso que por eso sigo esa tradición de años, de miles de años atrás; desde mis abuelos, mis bisabuelos y mis papás, así nos crecieron, con puras plantitas”, relató Cimé Xicum, reivindicando la eficacia histórica de su oficio.
Más allá de su especialización en la taxonomía y preparación de la herbolaria, Rosa María Cimé Xicum resguarda un perfil integral dentro de la cosmogonía de la salud indígena al poseer saberes certificados por la comunidad como partera empírica y sobadora, disciplinas fundamentales para el cuidado materno-infantil y la rehabilitación física en las zonas donde la infraestructura hospitalaria del Estado es limitada.
Como testimonio vivo de su resistencia y labor científica, doña Rosa conserva en el traspatio de su hogar un santuario botánico vivo y un huerto medicinal que alberga decenas de especies endémicas utilizadas para combatir los padecimientos gastrointestinales, respiratorios y dermatológicos más comunes de la región indomaya.