Litigios y barreras laborales frenan convivencia
Ulises ARROYO
BENITO JUAREZ, 21 de junio.- Detrás de las felicitaciones, los regalos y los festejos comerciales
que enmarcan el Día del Padre, existe una realidad ensombrecida para miles de hombres separados en Quintana Roo. Para este sector de la población, la fecha no representa una celebración, sino un recordatorio de los largos procesos legales, los acuerdos incumplidos y las severas dificultades que enfrentan diariamente para mantener un vínculo cercano y constante con sus hijos.
Este panorama está respaldado por cifras oficiales que reflejan la complejidad del tejido social en el Estado. De acuerdo con los indicadores más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Quintana Roo contabilizó dos mil 959 divorcios durante 2024, lo que ubica a la geografía estatal en el décimo lugar a nivel nacional con una tasa de 2.2 separaciones por cada mil habitantes mayores de 18 años, una incidencia que supera de forma holgada la media de la República Mexicana.
Abogados penalistas y especialistas en materia de Derecho Familiar señalan que estas rupturas conllevan batallas judiciales desgastantes y costosas destinadas a fijar montos de pensión alimenticia, asignación de custodias y el establecimiento de regímenes de convivencia. Los litigantes coinciden en que, aunque el marco jurídico actual prioriza el principio del interés superior de la niñez y su derecho a convivir con ambos progenitores, la burocracia, las disputas personales entre las exparejas, los cambios imprevistos de residencia y las crisis económicas terminan limitando o suspendiendo los encuentros filiales.
La problemática adquiere un matiz particular e intensificado en una entidad cuya columna económica es el turismo. Miles de padres se desempeñan en la hotelería, la industria gastronómica o los servicios turísticos, sectores económicos caracterizados por jornadas extenuantes, turnos rotativos, horarios nocturnos y la obligatoriedad de laborar los fines de semana y días festivos.
Esta rigidez laboral provoca que para muchos padres varones sea prácticamente imposible coincidir con los días y horarios específicos dictados de forma rígida por los juzgados de lo familiar para ver a sus hijos. A este complejo escenario se suman las presiones financieras del día a día, donde el costo de los traslados en el transporte público, las aportaciones de manutención y el pago de honorarios legales representan una carga económica asfixiante.
En el marco de esta efeméride, psicólogos y terapeutas familiares recuerdan que la disolución del vínculo conyugal bajo ninguna circunstancia debe traducirse en la fractura de la relación entre padres e hijos. Mientras la tasa de divorcios en el Caribe Mexicano se mantiene en los niveles más altos de los últimos años, una gran cantidad de hombres en el estado continúa librando una batalla silenciosa en los tribunales, una lucha que no busca restaurar el pasado en pareja, sino defender el derecho humano e inalienable de seguir ejerciendo su paternidad.