Contra don Andrés Q. Roo, Aldana

 

Fernando olvera del castillo

CHETUMAL, 30 de junio.- La “brillante” idea del diputado Humberto Aldana Navarro, de construir una

cafetería en el Congreso del Estado, so pretexto de que es una añeja demanda de las y los trabajadores del recinto legislativo, no sólo es descabellada y violatoria de la Ley, sino que constituye una grave afrenta a la identidad, a las raíces y a la gran riqueza cultural de las y los chetumaleños.
Datos recabados por esta Casa Editora confirmaron que Humberto Aldana, quien recientemente regresó al Poder Legislativo local, no para servir al pueblo como dice, sino para seguir cobrando hasta el día que tome protesta como diputado federal, continúa empecinado en construir la que ya le llaman su cafetería, pero este capricho ha llegado demasiado lejos.
Si bien el inicio de las obras de esta malsana ocurrencia, a tan solo unas horas de las pasadas elecciones, levantó una gran polémica ante el retiro de la estatua de Andres Quintana Roo de la entrada al edificio legislativo, lo cierto es que esta es la punta de una larga madeja que solo puede calificarse como una aberración y una descarada ofensa a quienes habitan en Chetumal y en todo el Estado.
Los hechos no mienten, mientras las obras iniciaron con bombos y platillos ante la marcada inconformidad de quienes integran lo que se conoce como el Consejo Ciudadano de Chetumal, nadie se imaginó lo que pasaría con la estatua de Andres Quintana Roo, la cual, en cuestión de horas, desapareció de la escena a bordo de una grúa.
Como es de suponerse todos se preguntaban ¿dónde estaba? Y es así como, fruto de una ardua investigación, esta Casa Editora dio con la misma. Luego de ser retirada ante la “vacilada” de Humberto Aldana y su cafetería, la estatua del ilustre hombre, que le dio nombre a nuestro Estado, fue confinada al estacionamiento de una de las sedes del Instituto de la Cultura y las Artes (ICA), ubicada en el cruce de las avenidas Efraín Aguilar y, precisamente, como paradoja, la Andrés Quintana Roo.
Conscientes de la importancia que representa la labor periodística que a lo largo de 37 años nos ha distinguido, esta Casa Editora se dio a la tarea de averiguar cuál era el estado de la efigie del ilustre personaje en dicho sitio y, lamentablemente, los resultados fueron por demás negativos.
Como consta en las gráficas que acompañan esta entrega, en principio de cuentas la estatua en cuestión está partida en cuatro pedazos, además de que está visiblemente dañada y mermada de varias de sus partes.
Todo parece indicar que al momento del traslado, el peso de este monumento hizo colapsar la grúa que lo sostenía e, irremediablemente, el mismo cayó al suelo partiéndose en pedazos.
Las piezas en cuestión, incluida la cabeza del reconocido héroe de la Independencia de México, al cual le “volaron” la nariz, fueron envueltas en lonas de plástico y colocadas “estratégicamente” detrás de un improvisado muro de bloques, cubierto por otra lona, que a lo lejos parece ser la estatua completa acostada.
Sin embargo, la realidad es diferente y sumamente indignante, como ya citamos.
Los pedazos de la estatua de Andres Quintana Roo permanecen bajo un techo de lámina que sirve para proteger lujosos automóviles, no un tesoro cultural e histórico de incalculable valor como este, lo cual, invariablemente, resulta a todas luces reprobable.
Aquí no se puede dejar pasar que la efigie en cuestión y todo el edificio del Poder Legislativo son un patrimonio tangible del Estado, es decir, nadie, absolutamente nadie, los puede modificar, destruir, reubicar o desechar, como parece que está sucediendo con esta verdadera “locura” de Humberto Aldana de construir su cafetería, mientras le llega el turno de rendir protesta en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, en otras palabras, de disfrutar de la lotería que se sacó sin comprar boleto.
Ante todo esto, bien vale la pena que, de forma inmediata, quienes hoy tienen el control del Congreso, ya que Humberto Aldana, supuestamente, es un diputado más, detengan esta aberración que se asemeja a que, con la “loca” idea de alguien, uno de estos días se  decida quitar el reloj de la Explanada de la Bandera para hacer una cafetería para las y los trabajadores del Palacio de Gobierno.
Sin lugar a dudas, hoy son tiempos de exaltar la invaluable riqueza de los sitios históricos de Chetumal para que vengan más turistas, no de dar pie a falacias de gente como Humberto Aldana quien, dado que solo viene a la ciudad de visita y a cobrar su ostentoso sueldo como “legislador”, ni siquiera imagina lo que representa el valor histórico de una estatua como la de Andrés Quintana Roo, que ha sido mudo testigo de la transformación del Estado y que, sinceramente, amén de que no merece una ofensa como la que aquí hemos documentado, debe ser regresado de inmediato al lugar que le corresponde en el máximo órgano de representación popular de la entidad.