EL PAN DE CADA DÍA EN URGENCIAS DEL ISSSTE CHETUMAL
CHETUMAL, 11 de junio.- La inoperancia sistémica de la Clínica Hospital del ISSSTE en Chetumal continúa acumulando
historias de frustración entre sus derechohabientes, evidenciando que las fallas estructurales anulan cualquier esfuerzo del personal de salud. María Antonieta Moreno Velázquez, derechohabiente y paciente oncológica, relató el calvario que padeció al acudir a la sala de urgencias tras presentar una severa crisis de vértigo durante el fin de semana; un padecimiento incapacitante y constante que la obligó a buscar auxilio inmediato debido a que su cita programada con el médico familiar fue diferida por el sistema institucional hasta el próximo 23 de junio.
El traslado a la clínica de la avenida Insurgentes significó para la afectada someterse a una espera de más de cuatro horas en condiciones poco dignas, atrapada en el cuello de botella del Triage médico. Bajo el argumento del personal de que el acceso a consulta se determina según la gravedad del paciente, las personas con padecimientos crónicos pero no letales quedan varadas de forma indefinida en la sala de espera; una parálisis operativa agudizada por el hecho de que el nosocomio funcionó durante las primeras horas del día con un solo consultorio, habilitando un segundo espacio de manera tardía para atender de forma simultánea consultas, curaciones y emergencias.
"Es triste ver que, aunque ya tengas tantos años laborando y pagando un servicio, el ISSSTE Chetumal sigue teniendo el mismo servicio terrible", reprochó la denunciante, quien aclaró que la queja no va dirigida hacia el trato de los trabajadores, sino hacia un sistema obsoleto donde obtener una cita en línea tarda hasta un mes, obligando al paciente a acudir cuando el malestar ya pasó o se agravó.
La saturación hospitalaria y las deficiencias en la capital de Quintana Roo no solo prolongan el sufrimiento físico de los enfermos, sino que exhiben el enorme abismo de calidad que existe al comparar la atención médica local con la de estados vecinos como Yucatán, dejando en el aire la promesa de que las inversiones en infraestructura realmente se traduzcan en un cambio de fondo para la comunidad.