Pescadores, a 240 km de la costa de Chiapas

CHIAPAS, 20 de agosto.- A más de 240 kilómetros de la costa de Chiapas, dos hombres lograron sobrevivir

al hundimiento de su embarcación utilizando su herramienta de trabajo como improvisada balsa: Una hielera. Días de sol, sed y hambre terminaron gracias a un operativo de la Marina-Armada de México.
A las tres de la madrugada, el mar de Chiapas cambió de rostro. Minutos antes, los pescadores José Luis Portela Villegas, de 35 años, y Daniel Guerrero Martínez, de 54 años, descansaban dentro de su embarcación tras hidratarse, listos para comenzar una nueva jornada de trabajo. No imaginaban que, en cuestión de instantes, perderían la lancha, sus provisiones y cualquier medio para pedir auxilio.
La información meteorológica indicaba que las condiciones adversas llegarían más tarde, pero el cambio de clima se adelantó de forma violenta. No hubo margen de reacción.
Una ola entró con fuerza en la embarcación; inmediatamente después, llegó otra.
“Todo fue instantáneo”, recuerda José Luis, quien lleva cinco años dedicado a la pesca.
Aunque intentaron salvar sus pertenencias, la lancha apenas resistió unos minutos antes de que el agua la cubriera por completo. El equipo de radio, la comida y las bebidas desaparecieron en la inmensidad del mar.
Frente a ellos, flotando a la deriva, quedó una hielera vacía. Lo que habitualmente servía para almacenar el producto de su arduo trabajo se convirtió en su única esperanza de vida.
Vaciaron la estructura y se aferraron a ella, junto con unos recipientes de gasolina que les ayudaron a mantenerse a flote. Sin embargo, en ese momento comenzó una batalla aún más difícil: la lucha contra el hambre, la sed abrasadora, el implacable sol y la incertidumbre.
José Luis Portela, de 35 años, relató cómo logró llamar la atención de la aeronave de rescate agitando desesperadamente un costal.
Durante el día, utilizaban un costal para cubrirse del Sol, turnándose para buscar un poco de sombra. No tenían agua potable, alimento, ni instrumentos para cazar o pescar.
Para Daniel Guerrero, un hombre con más de 35 años de experiencia en el mar, esta fue una situación sin precedentes. “Ya no iba a volver a ver a mi familia. No llovió, no había agua, la soledad... el Sol nos estaba matando. A nadie se lo deseo, ni a mi peor enemigo”, confesó.
El milagroso rescate por la Secretaría de Marina
Cuando la esperanza parecía desvanecerse y solo les quedaba “pedirle a Dios”, un punto apareció en el horizonte. Era un avión Persuader de la Secretaría de Marina-Armada de México, que realizaba labores de búsqueda a 140 millas náuticas (aproximadamente 240.76 kilómetros) de la costa chiapaneca.
Al ver la aeronave, José Luis tomó el costal que usaban como parasol y lo agitó con desesperación. El avión pasó, pero luego regresó. Habían sido localizados.
“Cuando vimos la avioneta y empezó a dar vueltas, supe que la espera había terminado. Gracias a Dios, ya estoy aquí”, recordó Daniel emocionado. Tras el rescate, ambos recibieron atención médica inmediata, destacando que Daniel padece hipertensión, aunque afortunadamente ambos sobrevivieron al extremo desgaste físico.
Daniel Guerrero aseguró que, tras esta traumática experiencia en el mar y décadas de oficio, tomará la decisión de jubilarse definitivamente.
“YO YA ME JUBILO”: LA DURA LECCIÓN TRAS SOBREVIVIR AL OCÉANO
La traumática experiencia dejó una marca imborrable, especialmente para Daniel, cuya historia familiar ya estaba trágicamente ligada al océano tras perder a su padre en el mar.
Hoy, su decisión es firme: “Yo ya me jubilo”.
Antes de despedirse de las redes y las lanchas, el veterano pescador dejó una advertencia vital para todos sus compañeros de oficio que continúan saliendo a alta mar:
Cumplir con todas las medidas de seguridad.
Llevar siempre puesto el chaleco salvavidas.
Respetar de forma estricta los protocolos de la autoridad marítima.
El mar, impredecible y majestuoso, les perdonó la vida esta vez, dejándonos una historia de resiliencia humana que difícilmente será olvidada.