En mezquitas de Nueva Zelanda

 

SIDNEY, 16 de marzo.- La ciudad de Christchurch en Nueva Zelanda vivió una jornada de luto entre el desconcierto y el horror por los ataques a las dos mezquitas que hasta el momento han causado 50 muertos con mensajes de unidad contra la

islamofobia.
La apacible ciudad de la Isla Sur, de unos 388 mil 400 habitantes, todavía no da crédito al ataque con armas semiautomáticas a dos mezquitas del centro de la ciudad y a plena luz del día, en la peor masacre que ha padecido el país oceánico.
“Uno creía que eso pasaba en Estados Unidos, en ciudades grandes como Londres o París, pero jamás en Nueva Zelanda y mucho menos en Christchurch”, decía durante todo el trayecto Pita, un profesional del taxi que lamentaba una y otra vez: “no puede ser, parece increíble”.
El cielo gris de Christchurch acompañaba el humor de desolación de los habitantes de esa ciudad, que acudieron en grupo o solos a dejar flores en un semáforo cerca de la mezquita de Al Noor, cuyos alrededores estaban acordonados por la Policía.
Lo hizo un residente de apariencia asiática que llegó en bicicleta para dejar un ramo seguido de un grupo de hombres del Pacífico que también llevaban flores entre sus fornidos brazos, mientras adolescentes sollozantes y familias acongojadas se abrazaban al pie del improvisado altar.
Junto a las flores había un cartel en árabe y otro en inglés en el que se leía “no importa de dónde vengas, no importa tu religión, estoy feliz de ser tu vecino”.
“Estoy muy triste, tantas vidas perdidas (...) lo siento por esas familias”, dijo a Efe Oceana, una colegiala con una discapacidad física que llegó a ese altar espontáneo sobre un carro de la compra junto a su familia.
Delante de la mezquita, otra gente se arrodillaba delante de una pancarta blanca para dejar sus impresiones en forma de corazones multicolores y mensajes que apelaban a la solidaridad y la unión, salvo algunos que no podían evitar el resentimiento: “recuerden sus nombres. Prohíban las armas. Jódense, nazis”.