El de la nueva Ley de Movilidad es el que, invariablemente, de ninguna manera puede perderse de vista, menos aún cuando se trata de un ordenamiento que no es producto de una iniciativa del Poder Ejecutivo, sino de un trabajo que encabezó la fracción parlamentaria del Partido Acción Nacional (PAN) en la XV Legislatura del Congreso del Estado, con la participación de todos los sectores de la sociedad, incluidos los propios taxistas.
Y es que si bien en los últimos días se ha acentuado la polémica tras su aprobación, lo cierto es que dicha Ley surgió luego de la realización de varios foros de consulta en los que cada uno de los interesados pudo opinar y aportar a la conformación de la misma, de ahí que su objetivo principal, en un plano de entera igualdad, sea el de garantizar el derecho humano a la movilidad, privilegiando a los peatones, los ciclistas y a quienes se dedican a la prestación del servicio de transporte público y privado.
En este sentido, y aunque algunos parezcan olvidarlo, justo es reconocer que los trabajadores del volante jugaron un papel preponderante en la conformación de esta norma, y es así como en su articulado, precisamente con el afán de cuidar sus intereses y el de sus familias, se incluyen requisitos por demás rígidos en cuanto al servicio de transporte a través de plataformas digitales, es decir, no cualquiera podrá prestarlo, menos aún cuando carezca del permiso correspondiente.
Al respecto, tampoco se puede soslayar que si bien los taxistas y sus dirigencias sindicales hoy disponen de una total apertura al diálogo por parte del Poder Ejecutivo, es un hecho que este no tiene las facultades necesarias para modificar esta Ley ni mucho menos para borrarla de un plumazo como se dice coloquialmente, ya que la misma proviene de un mandato del Congreso del Estado que, como tal, deberá cumplirse en los términos que marcan las normas establecidas.
Con base en lo anterior, no queda más que esperar que en el caso específico de la nueva Ley de Movilidad, las cosas se vean en su justa dimensión, ya que esta no es producto de una “ocurrencia”, sino de un trabajo consensuado de mucho tiempo en el cual todos los sectores de la sociedad pusieron su grano de arena ya no sólo para ordenar el transporte, sino para hacerlo más competitivo en beneficio de todos los quintanarroenses.
¿No lo cree así, amable lector?