Así resulta que mientras complejos hoteleros como el Grand Velas y el Dorado Seaside Suites continúan devastando los arenales de la Riviera Maya con la colocación de escolleras, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) mantenga una postura lánguida de simple observadora “a distancia” y, para muestra, otro botón: La oficina regional que recientemente estableció en Akumal, para supuestamente combatir este y otros ilícitos en contra del entorno natural de la región, la cual, al día de hoy, se encuentra convertida en un verdadero “elefante blanco”.
Y es que tal y como damos cuenta en la edición que tiene usted en sus manos, fue el propio delegado de la citada localidad, Irán Beltrán Chan, quien señaló que pese a que dicho inmueble fue inaugurado hace casi dos años con bombos y platillos por el mismísimo titular de la Profepa, Guillermo Haro Bélchez, lo cierto es que a la fecha está abandonado, y es así como los depredadores de esta parte de Quintana Roo tienen carta abierta para cometer cualquier fechoría.
En este sentido, el antes citado indicó que, además del daño ecológico que se está causando a la línea costera, particularmente del municipio de Solidaridad, con las barreras artificiales autorizadas por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) bajo condiciones enteramente cuestionables, lo cierto es que en el corredor Akumal-Tulum también reina la impunidad, pues las inspecciones y la vigilancia que se habían establecido se dejaron por la paz, ya que el personal de la Profepa, por razones que se desconocen, decidió asentarse en Cancún, y desde ahí, supuestamente, combatir los graves delitos que se están cometiendo.
Al respecto, Beltrán Chan condenó que la dependencia ni siquiera se haya tomado la molestia de conservar abierta esta oficina, la cual cuando menos permitía inhibir en algo la comisión de ilícitos contra el medio ambiente, mismos que, como es de suponerse, ante el vacío de autoridad que priva en la actualidad, hoy están a la orden.
Con base en lo anterior, no queda más que esperar que los altos mandos de la Profepa, a la brevedad posible, brinden una explicación detallada de esta errada decisión que, definitivamente, resulta sumamente perjudicial para la Riviera Maya y su invaluable riqueza natural.
¿No lo cree así, amable lector?