Es la que bien haría en brindar cuanto antes el director de la Auditoría Nacional de Comercio Exterior, dependiente del Servicio de Administración Tributaria (SAT), Daniel Marín Gómez, ante el atentado que sus subalternos cometieron contra el turismo en el Sur de Quintana Roo, al instalar un retén a todas luces ilegal que, como se pudo comprobar, no tenía más intención que la de hostigar a los participantes de la XXVII edición del Torneo Internacional de Pesca Internacional “Copa Gobernador 2018”.
Y lo anterior viene a colación porque el día de ayer, como por arte de magia, dicho filtro de revisión fue retirado ante la sorpresa de más de uno, poniendo en evidencia que el objetivo del mismo, más que el de hacer cumplir la Ley, como lo señalaron en su momento los efectivos del SAT y su altanero y prepotente “coordinador”, llevaba impreso un fin perverso que, afortunadamente, no se pudo consumar, ya que dicha justa deportiva en Mahahual, luego de su primera jornada, resultó todo un éxito ya no sólo para los competidores, sino también para los hoteleros, restauranteros y demás prestadores de servicios de la Grand Costa Maya.
En este sentido, no estaría de más que el funcionario federal, como debiera ser su obligación, valore la conveniencia de evitar la instalación de más retenes como el que nos ocupa, ya que, al menos en esta parte de Quintana Roo, lejos de servir para inhibir el contrabando -ya que hasta el momento no se sabe de un golpe certero contra quienes se dedican a este ilícito-, para lo único que han servido es para causar perjuicios a los ciudadanos y, peor aún, a los turistas que nos visitan, quienes en las más de las veces se han tenido que topar con personal federal que los amenaza, los sobaja y los hace llevarse a casa un muy mal sabor de boca, lo cual, definitivamente, para quienes dependen de la llamada “industria sin chimeneas” en la región, resulta a todas luces inaceptable.
Al respecto, y como si no bastara con lo arriba señalado, es un hecho que las revisiones que se realizan contravienen lo dispuesto por la Ley, de ahí la necesidad de que todo aquél que acepte ser objeto de las mismas, cuando menos reciba un trato amable y respetuoso.
Con base en lo anterior, no queda más que esperar que Marín Gómez tome cartas en el asunto para que hechos como los que se vivieron en las últimas horas en la región no se repitan.
¿No lo cree así, amable lector?