La de la cúpula del Partido de la Revolución Democrática (PRD), ante el latente riesgo de perder su registro en Quintana Roo, producto de la severa crisis interna que desde hace varios meses mantiene enfrentadas a sus diferentes “tribus”, es la que habría motivado la postulación de José Luis Toledo Medina como candidato a la presidencia municipal de Benito Juárez.
Y es que contrario a lo afirman esos “iluminados” que en tiempos electorales tienden a multiplicarse, la designación del ahora ex priísta de ninguna manera tiene que ver con una “línea” dictada desde Palacio de Gobierno, sino con un “experimento” que, desde el momento mismo en que se hizo oficial, desató la inconformidad de la gran mayoría de los perredistas e, incluso, según se dice y se rumora, hasta la del propio jefe político del Estado.
En este sentido, no se pueder perder de vista que Toledo Medina representa lo más obscuro de ese borgismo autoritario y corrupto que el Gobernador Carlos Joaquín González ha combatido desde el primer minuto de su gestión, no de dientes para afuera, sino en los hechos, y es así como su antecesor y varios ex funcionarios de la anterior administración hoy se encuentran respondiendo ante la Ley por los desfalcos que cometieron, de ahí que, llegar a suponer que el “flamante” abanderado del Partido del Sol Azteca tiene su aval, resulte ocioso y hasta ridículo.
Al respecto, tampoco se puede soslayar que han sido los propios perredistas los que han condenado la caprichosa actitud de su dirigente nacional, Manuel Granados Covarrubias, de imponer a Toledo Medina a pesar de que, amén de que no tiene la residencia necesaria para competir en Benito Juárez -como lo sostuvo en su momento el diputado local, Emiliano Ramos Hernández-, de ninguna manera es garantía de triunfo, precisamente por haber sido parte fundamental de un Gobierno que no sólo saqueó al Estado, sino que atentó contra la dignidad y la buena fe de la sociedad quintanarroense.
Con base en lo anterior, y una vez que está dicho que esta polémica nominación es producto de un último intento por “salvar” lo que queda del PRD, tras la guerra intestina que lo ha puesto a un paso de desaparecer de la escena política local, no queda más que esperar que los que hoy opinan de política valoren las cosas en su justa dimensión y no sigan confundiendo la gimnasia con la magnesia.
¿No lo cree así, amable lector?