Así fue la Gobernadora del Estado, Mara Lezama Espinosa, al precisar que habrá cero tolerancia
y cero impunidad a la violencia en el transporte público en Quintana Roo, en otras palabras, que el transportista que agreda, lesione o atente en contra de la ciudadanía y los turistas, será sancionado y sus acciones tendrán consecuencias.
Y es que tal y como damos cuenta en la edición que tiene usted en sus manos, en el marco del programa “La Voz del Pueblo”, la titular del Ejecutivo, al tiempo que puntualizó que es totalmente falso que las reformas a la Ley de Movilidad y al Código Penal atenten en contra de la libre manifestación de las ideas de las personas, sostuvo que en Quintana Roo nadie puede impedir al usuario elegir el tipo de transporte que desee utilizar, mucho menos ser bajado de algún vehículo, y es así como se tenía que poner orden y ya se está haciendo.
En este sentido, la mandataria aclaró que las reformas a la Ley de Movilidad y al Código Penal establecen que será perseguida de oficio toda agresión en el transporte público, aún cuando no haya denuncia, destacando que entre las sanciones correspondientes se incluye el retiro de concesiones y el incremento en las penas por daños a las vías de comunicación.
Al respecto, Lezama Espinosa también informó que se está investigando el caso de violencia que surgió en un hotel de Cancún, para que la gente sepa con claridad qué fue lo que sucedió, subrayando que esto es importante porque hechos de este tipo afectan al destino, sí como a las y los trabajadores que han dado su vida por el turismo, manteniendo al Caribe mexicano como líder en México y en toda Latinoamérica.
Con base en lo anterior, y dado que durante dicho programa confirmó que se aplicará el programa “México te Abraza” para atender a migrantes deportados de los Estados Unidos, así como la campaña contra el uso de maíz transgénico que impulsa la Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, no queda más que resaltar la firmeza de la Gobernadora para proteger el sustento de las miles de familias quintanarroenses que hoy dependen de la llamada “industria sin chimeneas”.
¿No lo cree así, amable lector?