Ego.

El de la lideresa del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la entidad, Candy Ayuso Achach,

es el que ha encendido los focos de alerta entre la militancia tricolor, luego de “olvidar”, por no decir desdeñar, el 28 aniversario luctuoso de quien hoy por hoy es el símbolo más importante del priísmo nacional, ni más ni menos que Luis Donaldo Colosio Murrieta.
Y es que mientras en todo el país se recordó el legado del malogrado candidato a la Presidencia de la República, la antes citada, por razones que se desconocen, amén de que decidió no asistir a la sencilla ceremonia que se organizó con motivo de esta importante efeméride, tampoco emitió un sólo comentario sobre la misma a los medios de comunicación o a través de sus redes sociales, lo cual, sin lugar a dudas, no fue bien visto por las y los priístas de la entidad.
En este sentido, no se puede perder de vista que este yerro de Ayuso Achach viene a sumarse a varias situaciones en las que ha evidenciado no sólo su falta de compromiso con los ideales del priísmo, sino una bisoña actitud que no va con los tiempos actuales y con la coyuntura que está viviendo su partido, y es así como una y otra vez, lo único que ha hecho es posar para las fotografías, sin que hasta el momento se le conozca un sólo acercamiento a la militancia que, en la antesala de un nuevo proceso electoral, necesita del apoyo y el respaldo de sus dirigentes.
Al respecto, tampoco se puede soslayar que a la ya mencionada también se le olvidaron los discursos en los que proponía el resurgimiento del PRI en Quintana Roo con la apertura de más espacios para los jóvenes y el impulso de nuevos liderazgos que refrescaran su imagen, siendo que, a final de cuentas, esas “buenas intenciones” no le sirvieron más que para colocarse en el primer lugar de la lista de candidatos a diputados plurinominales del tricolor y, con ello, asegurar una curul en la próxima Legislatura.
Con base en lo anterior, bueno será que el priísmo local reflexione sobre el cuestionado desempeño de Ayuso Achach y la llame a cuentas, máxime cuando es un hecho que será la que lo represente en el Congreso del Estado y no vaya a ser la de malas que, con su escaso oficio político, al paso de unos meses, acabe formando parte de la bancada de otro partido.
¿No lo cree así, amable lector?