Solución

Es la que de manera conjunta deberán encontrar los locatarios del mercado municipal “Ignacio Manuel Altamirano” y las autoridades competentes, para acabar de una vez por todas con el “foco rojo” que representa la gran cantidad de indigentes y mujeres de la vida galante que a últimas fechas se han adueñado de los pasillos de la llamada Plaza Chactemal.

Y es que tal y como dimos cuenta con oportunidad, lo que está sucediendo desde hace varios meses en este emblemático lugar está ocasionando severos perjuicios ya no sólo a quienes ahí tienen invertidos sus capitales, sino a los cientos de chetumaleños que a diario acuden a realizar sus compras o simplemente transitan en sus alrededores.
En este sentido, si bien su sola presencia afecta por mucho la imagen de este centro de abasto, y peor aún, las ventas de los diversos giros que ahí convergen, lo cierto es que dichas personas han causado severos destrozos en locales que, por una u otra razón, están actualmente desocupados, amén de que los están utilizando como baños y hasta “cuartos de hotel”, lo cual resulta por demás preocupante.
Al respecto, y dado que la situación tiende a empeorar cada día más, se hace imperante que, a la brevedad posible, tanto los responsables de las instancias estatales y municipales encargadas de la seguridad y la sanidad en sitios como este, como aquellos que a diario tienen que enfrentar esta problemática que ya resulta insoportable, se sienten a la mesa para establecer acciones concretas que vayan más allá de simplemente reforzar la vigilancia policiaca, en aras de que el asunto se resuelva de manera definitiva, ya que sólo de esta forma se podrá responder a las sentidas demandas que se han acentuado a últimas fechas, y de paso, mantener a salvo una de las zonas más importantes y concurridas del primer cuadro de la capital del Estado.
Con base en lo anterior, ojalá que el asunto se aborde con la seriedad que amerita, sobre todo por los rumores que indican que existen personas al interior del mercado que, mediante amenazas a los expendedores, están solapando y alentando estas irregularidades, particularmente el caso de quienes ejercen el oficio más antiguo del mundo, lo cual, sin lugar a dudas, no puede tolerarse más.
¿No lo cree así, amable lector?