Certeza

Es la que deberá prevalecer entre los empresarios tabasqueños interesados en adquirir 500 hectáreas de terrenos de uso común en la localidad de Calderitas, en cuanto a que el conflicto que se vivió al interior del núcleo ejidal es responsabilidad única y exclusiva del ex director del Consejo Estatal de Población (Coespo), Rubén Ortiz Luis, quien en todo momento pretendió manipular las negociaciones a su conveniencia, llegando al grado de exponer a los comuneros y atentar contra su integridad física y patrimonial.

Y lo anterior viene a colación porque, tal y como informamos con oportunidad, el antes citado, luego de la “paliza” que recibió al interior del ejido, tras ponerse al descubierto que manipuló el padrón que supuestamente debió depurar, anda muy interesado en pactar, junto con sus “incondicionales”, una reunión “informativa” con los integrantes del consorcio en cuestión cuya única finalidad será la de cobrar venganza contra quienes le dieron su merecido y, de paso, echar por la borda dicha transacción.
En este sentido, y dado el acercamiento que en su momento tuvo con estos inversionistas, el siniestro personaje tratará, una vez más, como no ha tenido empacho en hacerlo a lo largo de los últimos días, asumir el papel de “víctima” aduciendo que estaba haciendo lo correcto en la tarea que le encomendaron; sin embargo, “como le cae mal” a varios de ellos, particularmente al actual dirigente, Sergio Chávez Salgado, no lo dejaron seguir trabajando.
Al respecto, bueno será que, de escuchar sus argumentos, aquéllos que aún mantienen el interés de canalizar sus capitales a la mencionada alcaldía othonense, no pierdan de vista que el culpable de este “embrollo” es precisamente quien no se cansará de clamar inocencia luego de que, “con los pelos de la burra en la mano”, los ejidatarios prácticamente lo desnudaron el pasado domingo.
Con base en lo anterior, y dado que en los próximos días esta historia pudiera llegar a su fin, no queda más que apostar a la verdad ante las irrefutables pruebas que pesan contra Ortiz Luis y hacer votos para que la decisión que tomen los empresarios en cuestión sea enteramente objetiva y producto de su voluntad ante lo que más les favorezca, no de una más de las artimañas de este “lobo con piel de oveja”.
¿No lo cree así, amable lector?