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Entre muros

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Entre muros

Vistazo

 

El que bien haría en echar la Contraloría del Estado a las cuentas del hoy director administrativo de la Comisión de la Juventud y el Deporte de Quintana Roo, José Luis Irizzont Marrufo, quien de la noche a la mañana ha amasado una cuantiosa fortuna que, sin el menor recato, presume a los cuatro vientos en Chetumal y su natal Cozumel. Y es que si bien llegó a la administración pública estatal con una mano adelante y otra atrás, hoy no sólo cuenta con varias propiedades en la capital del Estado –entre estas, una fastuosa residencia en un exclusivo fraccionamiento y un automóvil Camry de Toyota último modelo- sino que en la llamada “Isla de las Golondrinas” opera un lujoso restaurante que, definitivamente, es la muestra más palpable de su nueva vida de “rico”.
En este sentido, bueno sería que las autoridades competentes indaguen un poco sobre el origen de la “envidiable” posición económica que hoy ostenta, ya que existen fundadas sospechas de que no la consiguió con su “modesto” sueldo de burócrata, sino a base de sus ya conocidas “hazañas” contables, entre las que se incluyen los imprescindibles “diezmos” a los proveedores, las licitaciones amañadas y las facturas “infladas” a su entera y única conveniencia.
Al respecto, entre los muros de la instancia encargada de promover e impulsar el deporte en la entidad corre fuerte el rumor de que Irizzont Marrufo se está enriqueciendo de manera descarada a costillas del erario, y para ello ha dispuesto que sus secuaces, Gaspar Noceda Caballero (encargado de “engordar” las facturas), Rodolfo Velázquez Paz, alias “El Sireno” (todo un “as” para las licitaciones), y Jorge Heu Fisher (experto en maquillaje de cifras) no dejen títere con cabeza en pos de asegurarle un futuro más promisorio.
Así pues, en el caso específico de los proveedores, se dice que el funcionario y sus “cuates”, por así convenir a sus intereses, no sólo han marginado a la gran mayoría de los chetumaleños, sino que aquellos que han tenido la suerte de vender sus productos o prestar sus servicios a la Cojudeq, hoy se encuentran sumamente inquietos ante los insultantes cobros por “comisiones” de que han sido víctimas, amén de que han tenido que soportar ofensas y hasta humillaciones cada vez que se les ocurre cobrar los cuantiosos adeudos que aún no les han sido saldados en su totalidad, bajo el argumento de que, simple y sencillamente, no hay dinero.
Otro de los puntos que necesariamente se debe investigar es el relativo a las competencias de carácter estatal, las cuales, según Fuenteovejuna, se han convertido en un “negociazo” para el cozumeleño ante los gastos que se tienen que hacer por concepto de uniformes, material deportivo, hoteles, alimentación, viáticos y traslado de los participantes.
En este punto, el “fantasma del desfalco” cobra mayor fuerza ante la difidencia que existe respecto a la veracidad de las erogaciones realizadas con recursos públicos, ya que, como están las cosas, no resultaría nada aventurado pensar que las mismas hayan sido alteradas para aumentar las “ganancias” y afianzar la repentina riqueza de Irizzont Marrufo.
Sin lugar a dudas, el misterio que hoy se cierne sobre las cuentas de la Comisión de la Juventud y el Deporte de Quintana Roo amerita una exhaustiva e inmediata investigación, ya que los más perjudicados son los niños y jóvenes que pese a sacar la cara por el Estado –en la pasada olimpiada nacional pasaron del noveno al séptimo lugar en el medallero- aún adolecen por la falta de apoyo y de recursos que les permitan ser mejores cada día en sus respectivas disciplinas.
Como bien reza la sabiduría popular: “En esta vida hay dos cosas que no se pueden ocultar, el amor y el dinero”, y esto le viene como anillo al dedo al flamante y “suertudo” director administrativo de la Cojudeq.
¿No lo cree así, amable lector?

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