Absurdas Son las actitudes de prefectos de escuelas que, pese a ser testigos de incidentes de violencia dentro y en el exterior de los planteles, no hacen nada por evitarlos, y lo peor es que algunos se inclinan por llamar a la Policía para poner remedio al problema.
Es patético observar a este tipo de prefectos, radicalmente opuestos a los de antaño, a los de hace unos 20 años todavía, que infundían tal respeto en el alumnado que era muy raro el que se atrevía a desafiar su autoridad. Había prefectos tan drásticos que presionaban a los maestros para castigar con bajas calificaciones de conducta a quienes incurrían en anomalías fuera de las aulas. Así se ejercía una disciplina que solamente unos cuantos -la excepción de la regla que confirma el refrán- pasaban por alto en los hechos. Por eso da tristeza, y hasta coraje, que incidentes entre estudiantes tomen tintes policiacos y hasta continúe el asunto en mesas del Ministerio Público. Así, con autoridades de fachada, las escuelas comienzan a sumarse a las cárceles como “fábrica” de potenciales delincuentes. ¿Está usted de acuerdo, amable lector?
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